lunes, 3 de septiembre de 2007

Belén Fabra es Sara

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El protagonista de “El hombre que amaba las mujeres” (1977) de François Truffaut pasea por la calle mientras mira fascinado a las chicas que se cruzan con él y se pregunta, con angustia: “¿Qué tendrán esas mujeres? ¿Por qué me gustan tanto?” Y acaba por responderse con una frase para la reflexión: “Porque son… desconocidas”.

Ese es uno de los encantos de Sara, la atractiva novia de David el veterinario, la temible rival de la joven Julia. Sara no solo es guapa sino que es… desconocida. El tipo de mujer que un hombre ve pasar por la calle e imagina cómo sería una vida entera a su lado. Y el hombre envidia esa vida no vivida y recuerda a la mujer hasta su último suspiro.

¿Pero cómo es nuestra Sara? ¿La llegaremos a conocer? ¿Es sólo una mujer perfecta, como se imagina uno que podría ser una desconocida? ¿Perfecta, peligrosa, símbolo de la aventura, del viaje, del verdadero amor...? De Sara sabemos pocas cosas: trabaja en la consulta veterinaria, ha estudiado psicología y quiere a David. Lo que no sabemos, lo que Julia no sabe son los detalles de esa temperatura amorosa: ¿quiere David a Sara? ¿están en crisis? ¿van a separarse? ¿se están reconciliando? ¿tiene ella –Julia- alguna opción ante ese David en probable crisis con Sara?

Belén Fabra no parece del sur de Europa. De hecho, no parece de ninguna parte. O quizá sí: de la internacionalidad europea. No obstante, si la oyeran en estos días hablando con un fuerte acento catalán occidental –porque está preparando en teatro el “Tirant lo Blanc” dirigido por Calixto Bieito- se descubriría su procedencia: Tortosa. Antes tuvo acento tailandés en otra obra de Bieito, “Plataforma”, sobre la novela de Houellebecq. Y antes de eso, trabajó con Vicente Aranda en una película a punto de estrenar. Y antes, viajó. Y después, volverá a viajar.

No debiéramos descubrir otro secreto, que atenta a su natural glamour, pero ¿por qué ocultarlo? Muy pocos lo saben, Belén Fabra es también, y contra todo pronóstico, una magnífica actriz cómica.

domingo, 2 de septiembre de 2007

Un día en la vida

Viernes 3 de febrero de 2006. No fue un día más, fue un día en la vida.
Gracias a la disponibilidad de tiempo que ahora disfruto me personé a las 5 de la tarde en la puerta del cine que mi amigo guionista había elegido como localización para una escena de treinta segundos del largo en el que se ha embarcado.

Una hora más tarde allí no había aparecido nadie. Sin embargo, la valla que abarcaba toda la fachada del local, delimitada por dos decorativas señales de prohibido aparcar en horario de cine, me indicaba que aún no había llegado el equipo de rodaje: el espacio reservado para aparcamiento estaba expedito.

En el paseo central de la avenida, justo enfrente de la puerta de entrada, había una bohemia pareja de jóvenes que me dieron la pinta de ser del equipo de rodaje. Así pues, me dispuse a esperar acontecimientos.

La estrella del momento era el letrero, sujeto en la mitad del vallado, que informaba del motivo de la reserva de espacio. Muchos viandantes se acercaron hasta el letrero sólo para leer su contenido. Constatación del denominado porterismo de a pie.

Mientras un guardia urbano recetaba un refresco del código de circulación a un vehículo aparcado sobre la acera, un amable señor me ponía en antecedentes: "Esta mañana, bien temprano, esa pareja de jóvenes, --se refería a la pareja bohemia-- ya estaban ahí con los arreos para ir vallando la zona conforme los coches se iban yendo. También se encargan de enseñar la autorización caso de ser requerida por la guardia urbana".

Enfrente nuestro, el chico y la chica se contorsionaban para desentumecerse.

Sin necesidad de permisos, el frío también estaba instalado en la zona.

Visto y no visto, llegó todo el mundo. Los técnicos de producción tomaban distancias, marcaban posiciones, medían la luz ambiente y verificaban que la escena se ajustase a lo indicado en el plan de rodaje. La taquilla fue adaptaba para la filmación. Un foco ocupó el sitio ante la segunda ventanilla. El armario de los carteles cedió su sitio a la cámara.

En cuestión de minutos me vi con una buena amiga, como extras, con una cuba de palomitas en el regazo, mientras hacíamos cola ante la ventanilla para comprar la entrada. Nuestro papel: llenar el campo de visión de la cámara. Toda una responsabilidad pues sólo faltaba que tuvieran que repetir la toma por causa nuestra.

Nos indicaron dónde ponernos, cómo comportarnos y qué decir al llegar a la ventanilla. También nos rellenaron el barreño de palomitas un par de veces dado que durante las pausas entre ensayos íbamos comiendo sin parar y el nivel quedaba fuera del campo de visión de la cámara. No es muy normal acercarse a comprar la entrada con las palomitas en el regazo pero ahora con la ley anti-tabaco en vigencia hay que matar los nervios de la espera de alguna manera y ésta es una muy nutritiva.

En total dos horas para una escena de treinta segundos.

Tiempo después me pasaron las fotos del día. No fue un día más, fue un día en la vida.

sábado, 1 de septiembre de 2007

Alberto Jiménez es David

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Desde que el guionista se puso al teclado David tenía que ser Alberto Jiménez y, al fin, Alberto Jiménez, por suerte, ha querido ser David.

David es veterinario, es decir, hoy en día una figura heroica. Y como Alberto Jiménez no puede evitar arrastrar un halo más bien mítico, resulta que David se ha beneficiado de ello y se ha convertido en algo muy parecido al arquetipo del héroe romántico atractivo para las mujeres porque algo hay en él de extraño, de misterioso, de magnético y de imposible. Un hombre de pasado un punto desconocido, con dificultades para consolidar una relación amorosa y que a pesar de su vocación de solitario no puede vivir sin una mujer a su lado. Dicen de él –de David, no de Alberto Jiménez- que ha salido con muchas mujeres, que liga mucho, que “domina” mucho. Lo dice precisamente Julia, contándoselo a su amigo Aparisi.

Aparisi y David podrían ser amigos, pero de por medio está Julia. David comprende muy bien a ese patito feo de Aparisi, porque dice haber atravesado la fase de no ser correspondido en el amor. Pero el joven al adulto le entiende bastante menos. Le pilla en sus contradicciones ¿le gusta su sobrina? ¿no es cierto que le complace hacerse “el gallito” delante de ella? Sí, David tiene sus contradicciones y nadie mejor que Alberto Jiménez las ha sabido integrar en un personaje coherente que es, a la vez, sabio e ignorante, seguro e inseguro, valeroso y temeroso, cálido y distante, amigo y rival. Con admirable sobriedad en el matiz. Y con ese halo mítico como de ángel, de demonio, de extraterrestre, de especial, que persigue a Alberto Jiménez por ser como es, y que hemos podido ver tanto en el padre tatuador de “El bola”, de Achero Mañas, como en el astronauta suicida de “Nada es casual 3”, la obra de teatro que él mismo ha dirigido junto a Rosa Manteiga.

Alberto Jiménez tiene intuiciones sobre sus personajes que deberían ser de obligada escucha y cumplimiento para el director con el que trabaje. Porque acierta siempre. Siempre. Probablemente, por eso Alberto ha trabajado con una nómina de directores que impone: Pablo Llorca, Gerardo Herrero, Gonzalo Suárez, José Luis Gómez, Imanol Uribe, Alejandro Amenábar, Gerardo Vera… Esta vez ha trabajado con un montón de gatos y con un equipo de actores y técnicos que se han convertido en sus amigos.

miércoles, 29 de agosto de 2007

Rose Avalon es Julia

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Sherezade inventa cada noche un cuento para distraer al hombre que la quiere matar. Julia construye cada día una fabulación distinta para atraer al hombre por el que ella quiere ser amada. En las fábulas de Julia su gata tuerta Jo-Jo tiene siempre un papel protagonista. Julia es más o menos como una Sherezade con gata.

Desde el primer plano de la película, queda claro que Julia está determinada a conseguir un objetivo. Sólo ese único objetivo, porque el resto de su vida gira alrededor de él: va a estudiar veterinaria porque su tío David es veterinario, se ha hecho okupa porque a su tío David le caen bien los okupas y su gata tuerta es enfermiza porque así Julia puede estar muchas veces en la consulta de su tío David. No es que Julia despliegue la habitual energía extraordinaria de la persona enamorada, es mucho más que eso: su vida entera sólo adquiere verdadero sentido cuando el tiempo transcurre al lado de David.

Pero Julia tiene más de un obstáculo, no sólo la diferencia de edad, e incluso –desde la moral tradicional- el cercano parentesco, sino el detalle de que David tiene una novia. Una mujer con clase, con carrera y muy guapa.

Por eso Julia oscila desde la crueldad hasta la desesperación. Una llamada telefónica la lleva hasta el cielo. La imagen de dos personas abrazadas la hunde hasta la herida física y el grito. Julia puede ser cruel con el chico que de verdad le ama, Aparisi; puede ser infinitamente tierna con su gata, que le conduce al hombre que quiere; puede ser cada vez feliz -como si alcanzara el cielo por primera vez- al lado de David, y puede ser la peor de las Mata-Haris con Sara, la mujer perfecta.

¿Dónde encontrar a la actriz que pueda dar toda esa gama? Rose Avalon no sólo es capaz de ofrecer eso, siempre desde la sutileza y la novedad, sino que encima canta como una diosa. Rose es una brisa y un vendaval, es el silencio y es la tempestad. Tiene un curioso pacto con los ángeles, por el que posee un par de alas que le permiten echar a volar. Y desde luego en cualquier momento echará a volar.

domingo, 26 de agosto de 2007

Pau Roca es Aparisi

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Aparisi –primero por la izquierda en el cartel- quiere creer en el orden, lo que es parecido a querer creer en la justicia. Por eso se esfuerza al máximo por encontrar todo tipo de soluciones para remedar el caos: recompone enchufes, atornilla grifos, ajusta calendarios de trabajo, encuentra gatos perdidos… pero no es capaz de solucionar el único problema que le preocupa: Julia no le quiere. Y eso es claramente injusto, porque él merece ser querido por ella. ¿Qué más puede hacer?. Si hasta le ha propuesto "buscarle candidatos" a una Julia en crisis absoluta de amor. ¿Por qué demonios Julia no se da cuenta de que él es la persona que ella necesita?.

Aparisi es lúcido y quiere creer –hasta el absurdo- en la lógica (“la lógica se impone siempre”, afirma). Sabe en el fondo de su corazón que Julia no se dará cuenta nunca de que “la persona” es él. Aparisi tiene algo de trágico. O no ¿quién sabe? Porque ¿cómo acaba la película?

Aparisi cumple años hoy mismo. Feliz aniversario. Es Virgo. Amante de la precisión, de que cada detalle esté en su sitio, detecta continuamente problemas en las fabulaciones que inventa Julia para atraer a su tío David, el veterinario. Cuando la muchacha le pide que simule haber salvado heroicamente a su gata, Aparisi quiere saber cómo es el árbol en el que supuestamente se ha enredado la gata, dónde está ese árbol imaginario, qué altura tiene, en qué rama se ha quedado enganchada Jo-Jo (la gata tuerta Josephine). Aparisi detecta problemas, eso le neurotiza y le conduce a convertirse en un cascarrabias.

Julia tampoco es correspondida por la persona que ama, pero al menos ella es amada por Aparisi. ¿Quién ama a Aparisi?
El guionista, que ha sentido debilidad por él.
Y, desde luego, Pau Roca, el actor.

Pau Roca también nació en el verano, pero ese es su único punto de contacto con Aparisi. Juro que no se parece en nada a él. Ni siquiera es Virgo. Pero Pau Roca ha conseguido un Aparisi tan vivo como el mismo Pau. ¿Cómo lo ha hecho? Una pista puede estar en su formación. Estudió en el célebre Estudio de Nancy Tuñón (por cierto, ubicado en el barrio de Gracia, como la película que nos ocupa). ¿Es un actor del Método? Habrá que preguntárselo. Es, de eso estoy seguro, un actor-guionista. Muchas de las mejores intervenciones de Aparisi parten de sus improvisaciones sobre el texto base. Lo decía Orson Welles: los mejores actores son los actores-guionistas. Pau Roca está en esa línea. Cuidado, que ha estudiado cine (en el ESCAC), domina todos los palos, es decir, también escribe y dirige. Véase su corto “You, fucking idiot”.

Pau Roca es un actor cómico extraordinario que puede ser trágico. Está en la serie de TV3 “Ventdelplà”, donde como sabe más de media Catalunya es Rafa, y lleva tiempo encadenando protagonistas (la película “Joves”, la obra de teatro “La cabra”, nuestro “Pactar con el gato” y ahora empieza la segunda temporada de “MIR”). Apuesto a que es solo el principio.

sábado, 25 de agosto de 2007

En los ojos de los demás

Se dice que hay calma en el ojo del huracán, que hay oscuridad en las afueras de la ciudad, que se ve más claro si miras con perspectiva, que nuestra cara es espejo del alma, que proyectamos nuestra forma de ser en lo que hablamos, vestimos o hacemos, que deberíamos replantearnos las relaciones de otra manera, que somos nosotros y nuestras circunstancias, que hablando se entiende la gente... entre otros muchos pensamientos escritos, cantados o proyectados.

Hay quien tiene un secreto. Algo que no quiere afrontar. Y dedica su vida a ocultarlo, arrastrándolo en cada paso que da. Se dice que llega un día en que se deja o te arrastra.

Quizá pienso demasiado y le veo tres pies al gato.

Se dice que el lado izquierdo del cerebro domina al derecho y que el derecho trabaja durante la larga y silenciosa noche. Se dicen muchas cosas, se intuyen muchas otras.

Quizá pienso demasiado pero algo sí tengo claro: me veo en los ojos de los demás.

De otra manera: haz clic y lo verás.

jueves, 23 de agosto de 2007

Repóker en la azotea

Bien viviendas amuebladas, bien cabezas tocadas, ora carteles dibujados a mano, hay vida en las azoteas; pero vivir es padecer por lo que queremos: Julia et al, un repóker sin comodín pero con un pacto en la manga.

  • Aparisi:
    Amante de la exactitud y del orden, soluciona cualquier tipo de problema... excepto uno, el único que le importa a él.

  • Julia:
    Inventa cuentos, mueve montañas, provoca tormentas y quiere conseguir lo que ningún ser humano ha logrado: pactar con un gato.

  • David:
    El héroe romántico, el amigo, el confidente. El hombre con problemas que siempre tendrá problemas con ella.

  • Sara:
    La mujer perfecta que se busca al único hombre que la puede hacer infeliz y que llora en el atardecer.

  • Detective de ruidos:
    El mejor de los profesionales, que enloquece para cumplir una misión, un quijote que sucumbirá si no huye al silencio de los lagos musitando aquello de "ojos verdes serenos como un lago en cuyas quietas aguas un día me miré..."
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